La estructura funcional clásica de las viviendas del barrio de Salamanca de principios del siglo pasado sitúa las zonas de estancia en la fachada principal, los dormitorios en torno al patio central y las zonas húmedas y de servicio al fondo de la vivienda ventiladas por pequeños patios secundarios.
La reforma de esta vivienda busca adaptar dicha estructura funcional a la forma de vida actual desvelando su mayor potencial: su espacio, demasiado compartimentado en el estado original.
El mayor lujo de la casa es su escala. Para hacerlo evidente se demolieron todos los tabiques existentes y se abrieron tres nuevos huecos en los muros de carga trayendo las zonas comunes de la casa a la parte anterior, junto al acceso. Los paquetes de dormitorios, vestidores y baños se agrupan en la parte posterior iluminados por los tres patios que sirven a la vivienda. La cocina pasa de ser un elemento de servicio, escondido al fondo de la casa a constituirse en una estancia digna y clave en la vida cotidiana. La casa gravita en torno a la cocina, que forma un espacio fluido junto con el salón y el acceso con ricas visiones cruzadas entre ellos. Un enorme portón corredero de acero pulido y vidrio translúcido, permite independizarla. Su mobiliario se diseñó en continuidad con el del resto de la casa en DM lacado, de forma que no hay distinción entre las librerías del salón y los armarios de la cocina.
El salón unifica todo el espacio que vuelca a la fachada principal (inicialmente eran tres estancias) iluminado por cuatro balcones hacia el sur y con magníficas vistas del Parque del Retiro.
Un eje visual estructura la casa perpendicularmente a la fachada conformando su circulación y permitiendo la vista del Retiro desde el fondo del corredor. El pasillo original entre las zonas comunes y privadas (de más de 20 metros originalmente) queda reducido a un ancho corredor-librería de cuatro metros iluminado por dos balcones.
Cada dormitorio dispone de un vestidor y un baño, de forma que cada uno pueda ser usado sin necesidad de entrar en los demás. El principal consta de un vestidor exento que no llega al techo sobre el que se instala iluminación con fluorescentes por reflexión, solución que se repite en el pasillo.
Desde el principio del trabajo hubo una colaboración estrecha y una espléndida relación con la clienta, coleccionista de arte. Se reservaron paredes limpias para colocar sus cuadros, previendo desde el proyecto dónde se habían de colocar algunos de ellos. Durante la obra fuimos dialogando cada detalle del diseño. Decimos que su casa es “un traje a medida”.
Constructivamente se concentraron los esfuerzos en la rehabilitación de las carpinterías de ventanas y la reutilización de la tarima de pino melis existente para conservar aquellos valores reseñables del edificio en que se ubica.







